
La criminalidad impune está cada vez más presente en nuestro país. Basta citar los siguiente ejemplos: No podemos comprarnos un carro nuevo porque corremos el riesgo que nos lo roben, no podemos ir de compras porque nos podrían asaltar, ni contestar una llamada a celular de orígen desconocida porque podríamos ser sujetos de una extorsión, ni confiarnos de un policia porque podría secuestrarnos, ni asistir a un restaurante para comer tranquilo pues existe el riesgo de que ocurra una balacera, ni andar por tranporte público porque nos pueden pasar por la charola.
¿Hasta donde habremos llegado que los crimenes ocurren hasta en agravio de la cultura? La semana pasada, tres vándalos: los mexicanos Roberto Conde Díaz, de 31 años, José Pablo Megenes Jasso de 22 y la estadounidense Wanda Ivette Aguilar de 42- fueron aprehendidos en el Parque Museo la Venta de Tabasco por rociar con aceite y jugo de uva una gran cantidad de esculturas de la ancestral cultura olmeca. Dañaron de manera irreversible la Colosal Cabeza Olmeca, uno de los mayores testimonios de una cultura sabia, extensa y ancestral, sin la cual la riqueza cultural de México no sería lo que es. También perjudicaron permanentemente varias estelas y una buena parte de piedras arqueológicas que el Instituto Nacional de Antrolopogía e Historia reconoce como únicas para el patrimonio, no sólo de México sino de la humanidad.
Los daños provocado a las piezas son extensos e irreversibles ¿y qué hicieron las autoridades tanto locales como federales? se conformaron con multar por tales daños con $330,000 pesos a cada delincuente. ¿Bastará ese monto para reparar daño tan extenso e irreparable a piezas que son clave para nuestra historia?, ¿Será suficiente para poner una advertencia clara para cualquiera que en un futuro desee fastidiar cualquiera de nuestros monumentos? Por supuesto que no.
Según las noticias, estos delicuentes culturales justificaron sus actos como parte de un rito religioso… Cualquiera que fueran sus motivos, la acción es totalmente ilegal y debe ser castigada rotundamente. Además, ¡Cuidado! este tipo de motivos denota intolerancia y acciones de esta naturaleza podrían desencadenar una gran oleada de actos vandálicos cuyo objetivo sea destruir lo ajeno (a nuestras creencias, a nuestra historia, a nuestra idiosincracia).
Que profunda aberración que piezas de incalculable valor cultural, histórico, humano y con antigüedad aproximada de 3,200 años se vayan por el caño así de fácil, mientras los encargados de hacer leyes y salvaguardar nuestro patrimonio no cumplen ni por accidente con su deber. No cabe duda, la crisis que enfrentamos va mucho más allá de lo económico… es moral, educativa, cultural y humana.
Cuando la ignorancia llama a la puerta es porque la barbarie y el oscurantimos están con nosotros.